miércoles, 12 de octubre de 2016

Apocalypto (2006)

DIRECTOR Mel Gibson
REPARTO Gerardo Taracena, Raoul Trujillo, Dalia Hernandez, Rudy Youngblood
PREMIOS 2006: 3 nominaciones al Oscar: Mejor maquillaje, sonido, efectos sonoros
2006: Nominada al Globo de Oro: Mejor película de habla no inglesa
2006: Premios BAFTA: Nominada a mejor película de habla no inglesa
SINOPSIS Historia ambientada en la época del imperio maya. Cuando la idílica existencia de los mayas es brutalmente interrumpida por el ataque de una fuerza invasora (¿imperio azteca?), un hombre emprende un arriesgado viaje a un mundo regido por el miedo y la opresión en el que le espera un incierto final. Debido a un giro del destino y espoleado por el amor a su esposa y a su familia, emprenderá el regreso a su hogar en un desesperado esfuerzo por preservar su forma de vida... (FILMAFFINITY)

Comentario de Fray Nelson: La última película de Mel Gibson tiene un mensaje cultural y filosófico que puede quedar oculto por la abundancia de sangre y por el aspecto semi-salvaje de las sociedades allí expuestas. Mi análisis es que Gibson quiere afirmar unas cuantas verdades sobre la naturaleza humana y que apelar a lo primitivo no es un derroche de exotismo sino pura continuidad con el experimento mental de pensadores como Juan Jacobo Rousseau.

En efecto, la idea difundida en y por los medios anglosajones es que los habitantes precolombinos eran buenos y que toda corrupción vino de fuera, de los europeos, y en particular, españoles. Este argumento ideológico ha servido de ariete para hacer avanzar la llamada “Leyenda Negra” que sólo ve en el proceso de conquista y colonia en América una vergüenza de la humanidad, o sea, una serie ininterrumpida de atropellos adobados en el más puro sadismo.

La Leyenda Negra se salió con la suya no sólo porque sirvió a los protestantes para desacreditar los esfuerzos coloniales de la Corona española sino porque vino a aliarse con las pretensiones de indigenismo romántico que perviven en América Central y del Sur. Aunque no se deben simplificar procesos históricos que abarcan siglos y que involucran millones de vidas humanas, es clara la ventaja que supone para algunos partidos políticos recientes hacer “corto circuito” para lanzar mensajes como de este talante, que América era libre e inocente y fue aplastada por la influencia extranjera, y que hoy América necesita sacudirse el yugo de los nuevos imperialismos para ser genuinamente libre. De ese modo el Buen Salvaje de Rousseau, el paraíso perdido de la Biblia y la utopía socialista de Marx-Lenin parece que pudieran convivir, bien que apretadamente, en un discurso que tiene mordiente en las masas. Al fin y al cabo, pocos mensajes entran tan suavemente a la mente humana como eso de que: “en el fondo yo era bueno, sino que me dañaron…”

Eso es lo que ataca Gibson, no con argumentos académicos sino con el lenguaje brutal de la imagen explícita. Que la gente vuelva a decir que eran buenos e inocentes los que hicieron esas pirámides destinadas a sacrificios humanos. Que se nos siga contando que sobraba la cruz en una tierra cuya religión consistía en degollar hombres y mujeres sacándoles el corazón todavía palpitando, para arrojarlo a una insaciable deidad, por ejemplo, la serpiente emplumada. Tales son las finezas de crueldad que presenta el filme, dispuesto a no transigir en su cruzada por la verdad del ser humano. De lo que se trata en realidad es de mostrar que ese ser humano necesita siempre de redención y que ningún Rousseau puede desmentir tanto los hechos como para que no resurjan con espantosa claridad, como las pinturas inequívocas de las pirámides mayas y aztecas.

Por supuesto: como se trata de mostrar que esa es la verdad última del corazón humano sin Cristo, los buenos de la película tampoco son tan buenos. El “héroe” es Garra de Jaguar, que en las primeras escenas se burla cruel y obscenamente de la infecundidad de uno de sus amigos y compañeros de caza. Y luego se sugiere algo fuerte sobre qué clase de prácticas sexuales tenían esos indios inocentes, todo en un ambiente de procacidad y vulgaridad y risotada. ¿A qué viene todo ese lenguaje que no es pornográfico pero sí explícito? A mostrar que ni los mayas ni los pueblos por ellos conquistados eran gente inocente. El ser humano está mal inclinado desde su juventud, como sugiere con dejo de pesimismo Génesis 8,22.

Tal pesimismo no tiene sin embargo la última palabra. Apocalypto no canoniza a España pero la única nota de serenidad en ella viene de la llegada de los españoles, con una alta cruz abriendo paso. También ellos, sin duda, traían sus propias pestes y miserias, pero esa cruz era más alta que ellos… y más alta que nosotros.

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