martes, 26 de julio de 2022

Los mártires canadienses


 Los misioneros jesuitas Intentaron proteger a los indios hurones de los crueles iroqueses

El 19 de octubre se celebra la fiesta litúrgica de los mártires canadienses, que recuerda el martirio de 8 jesuitas, seis de ellos sacerdotes, a manos de los iroqueses en el sur de Canadá, entre 1642 y 1649.

Fueron canonizados en 1930 por Pío XI, y ese mismo año el jesuita alemán Adolfo Heinen recogía sus desventuras misioneras, viajes extenuantes, torturas y desvelos por la fe en el libro Entre los pieles rojas del Canadá, que ha recuperado recientemente en español la Fundación Maior

https://www.religionenlibertad.com/cultura/587686068/Las-espeluznantes-torturas-que-sufrieron-los-martires-jesuitas-con-los-iroqueses-aun-nos-espantan.html


La película canadiense Manto Negro, la más vista en el país en 1991, se inspira en esa época, aunque no es necesariamente una película espiritual ni sigue los hechos... pero es fiel en las escenas de torturas espeluznantes


jueves, 11 de noviembre de 2021

Mensaje del Papa Francisco sobre los Ancianos

 Audiencia a los participantes en el Congreso internacional "La Riqueza de los Años" organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, 31.01.2020


Esta mañana el Santo Padre Francisco ha recibido en audiencia, en el Palacio Apostólico Vaticano, a los participantes del primer Congreso internacional de pastoral para los ancianos cuyo tema es "La Riqueza de los Años" organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, que se celebra del 29 al 31 de enero en el Centro de Congresos "Augustinianum" de Roma.


Publicamos a continuación el discurso que el Papa ha dirigido a los presentes en la audiencia:


Discurso del Santo Padre


Queridos hermanos y hermanas,

Os doy mi cordial bienvenida a vosotros, participantes en el primer Congreso internacional de pastoral de los ancianos - "La Riqueza de los Años" - organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida; y agradezco al cardenal Farrell sus amables palabras.

La "riqueza de los años" es la riqueza de las personas, de cada persona que tiene a sus espaldas muchos años de vida, experiencia e historia. Es el tesoro precioso que toma forma en el camino de la vida de cada hombre y mujer, sin importar sus orígenes, procedencia, condiciones económicas o sociales. Porque la vida es un regalo, y cuando es larga es un privilegio, para uno mismo y para los demás. Siempre, siempre es así.

En el siglo XXI, la vejez se ha convertido en una de las características de la humanidad. En unas pocas décadas, la pirámide demográfica - que una vez descansaba sobre un gran número de niños y jóvenes y tenía  pocos ancianos en la cumbre - se ha invertido. Si hace tiempo los ancianos hubieran poblar un pequeño estado, hoy pueden poblar un continente entero. En este sentido, la ingente presencia de los ancianos es una novedad en todos los entornos sociales y geográficos del mundo. Además, a la vejez corresponden hoy diferentes estaciones de la vida: para muchos es la edad en la que cesa el esfuerzo productivo, las fuerzas disminuyen y aparecen los signos de la enfermedad, de la necesidad de ayuda y del  aislamiento social; pero para muchos es el comienzo de un largo período de bienestar psicofísico y de liberación de las obligaciones laborales.

(Cortometraje Debajo del Arbol)


En ambas situaciones, ¿cómo vivir estos años? ¿Qué sentido dar a esta fase de la vida, que para muchos puede ser larga? La desorientación social y, en muchos casos, la indiferencia y el rechazo que nuestras sociedades muestran hacia las personas mayores, llaman no sólo a la Iglesia, sino a todo el mundo, a una reflexión seria para aprender a captar y apreciar el valor de la vejez. En efecto, mientras que, por un lado, los Estados deben hacer frente a la nueva situación demográfica en el plano económico, por otro, la sociedad civil necesita valores y significados para la tercera y la cuarta edad. Y aquí, sobre todo, se coloca la contribución de la comunidad eclesial.

Por eso he acogido con interés la iniciativa de esta conferencia, que ha centrado la atención en la pastoral de los ancianos e iniciado una reflexión sobre las implicaciones que se derivan de una presencia sustancial de los abuelos en nuestras parroquias y sociedades. Os  pido que no se quede en una iniciativa aislada, sino que marque el inicio de un camino de profundización y discernimiento pastoral. Necesitamos cambiar nuestros hábitos pastorales para responder a la presencia de tantas personas mayores en las familias y en las comunidades.

En la Biblia, la longevidad es una bendición. Nos enfrenta a nuestra fragilidad, a nuestra dependencia mutua, a nuestros lazos familiares y comunitarios, y sobre todo a nuestra filiación divina. Concediendo la vejez, Dios Padre nos da tiempo para profundizar nuestro conocimiento de Él, nuestra intimidad con Él, para entrar más y más en su corazón y entregarnos a Él. Este es el momento de prepararnos para entregar nuestro espíritu en sus manos, definitivamente, con la confianza de los niños. Pero también es un tiempo de renovada fecundidad. "En la vejez volverán a dar fruto", dice el salmista (Sal 91, 15). En efecto,  el plan de salvación de Dios también se lleva a cabo en la pobreza de los cuerpos débiles, estériles e impotentes. Del vientre estéril de Sara y del cuerpo centenario de Abraham nació el Pueblo Elegido (cf. Rom 4:18-20). De Isabel y el viejo Zacarías nació Juan Bautista. El anciano, incluso cuando es débil, puede convertirse en un instrumento de la historia de la salvación.

Consciente de este papel irremplazable de los ancianos, la Iglesia se convierte en un lugar donde las generaciones están llamadas a compartir el plan de amor de Dios, en una relación de intercambio mutuo de los dones del Espíritu Santo. Este intercambio intergeneracional nos obliga a cambiar nuestra mirada hacia las personas mayores, a aprender a mirar el futuro junto con ellos.


Cuando pensamos en los ancianos y hablamos de ellos, sobre todo en la dimensión pastoral, debemos aprender a cambiar un poco los tempos de los verbos. No sólo hay un pasado, como si para los ancianos sólo hubiera una vida detrás de ellos y un archivo enmohecido. No. El Señor puede y quiere escribir con ellos también nuevas páginas, páginas de santidad, de servicio, de oración... Hoy quisiera deciros que los ancianos son también el presente y el mañana de la Iglesia. Sí, ¡son también el futuro de una Iglesia que, junto con los jóvenes, profetiza y sueña! Por eso es tan importante que los ancianos y los jóvenes hablen entre ellos, es muy importante.

La profecía de los ancianos se cumple cuando la luz del Evangelio entra plenamente en sus vidas; cuando, como Simeón y Ana, toman a Jesús en sus brazos y anuncian la revolución de la ternura, la Buena Nueva de Aquel que vino al mundo para traer la luz del Padre. Por eso os pido que no os canséis de proclamar el Evangelio a los abuelos y a los ancianos. Id a ellos con una sonrisa en vuestro rostro y el Evangelio en vuestras manos. Salid a las calles de vuestras parroquias y buscad a los ancianos que viven solos. La vejez no es una enfermedad, es un privilegio. La soledad puede ser una enfermedad, pero con caridad, cercanía y consuelo espiritual podemos curarla.

Dios tiene un pueblo numeroso de abuelos en todo el mundo. Hoy en día, en las sociedades secularizadas de muchos países, las generaciones actuales de padres no tienen, en su mayoría, la formación cristiana y la fe viva que los abuelos pueden transmitir a sus nietos. Son el eslabón indispensable para educar a los niños y a los jóvenes en la fe. Debemos acostumbrarnos a incluirlos en nuestros horizontes pastorales y a considerarlos, de forma no episódica, como uno de los componentes vitales de nuestras comunidades. No sólo son personas a las que estamos llamados a ayudar y proteger para custodiar sus vidas, sino que pueden ser actores de una pastoral evangelizadora, testigos privilegiados del amor fiel de Dios.

Por esto doy las gracias a todos los que dedicáis vuestras energías pastorales a los abuelos y a los ancianos. Sé muy bien que vuestro compromiso y vuestra reflexión nacen de la amistad concreta con tantos ancianos. Espero que lo que hoy es la sensibilidad de unos pocos se convierta en el patrimonio de cada comunidad eclesial. No tengáis miedo, tomad iniciativas, ayudad a vuestros obispos y a vuestras diócesis a promover el servicio pastoral a los ancianos y con los ancianos. No os desaniméis, ¡adelante! 

El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida continuará acompañándoos en este trabajo.


Yo también os acompaño con mi oración y mi bendición. Y vosotros por favor, no os olvidéis de rezar por mí ¡Gracias!


 



lunes, 8 de noviembre de 2021

Ante el anuncio de un superman gay

 Esta semana la editorial DC Comics anunció que presentará un Superman bisexual, que tendrá una relación sentimental con otro hombre. Ante esto, el conocido sacerdote Fray Nelson Medina lanzó un desafío a los padres de familia sobre la protección y la educación de sus hijos.



“La idea de sustituir a Clark Kent por otro salvador blanco heterosexual nos parecía una ocasión desperdiciada”, dijo Tom Taylor, escritor de la serie “Superman: Son of Kal-El”, en entrevista con The New York Times.

El cómic mostrará el 9 de noviembre al protagonista de la historia: el hijo de la versión tradicional de Superman, Clark Kent, cuyo nombre es Jon Kent, un adolescente de 17 años.

“Siempre he dicho que todo el mundo necesita héroes y que merecen reconocerse a sí mismos en sus héroes”, dijo Taylor. “Para mucha gente, que el superhéroe más fuerte de los cómics salga del clóset es increíblemente poderoso”, agregó.

En declaraciones a ACI Prensa este 13 de octubre, Fray Nelson Medina, sacerdote y doctor en Teología Fundamental, dijo que “es algo positivo que se vayan definiendo las distintas posturas en la batalla cultural en la que nos encontramos”.

Esta, continuó, es “una batalla que tiene al centro y como terreno o destinatarios el corazón y la mente de los niños, en este caso a través de los cómics que tienen un formato sumamente ágil y visual, y por eso atractivo para los más jóvenes”.

“La decisión que ha tomado DC Comics de introducir la agenda LGBT en los cómics hace más claras las cosas. De lo que se trata es de modelar el corazón de los niños para que se arriesguen a experimentar distintas sensaciones sexuales o para que tomen una postura de permisividad bajo el nombre de mente abierta, respecto a la orientación sexual”, alertó.

“Es evidente entonces, que la elección de un personaje como Superman, sin duda uno de los más exitosos de todos los tiempos, quiere tener un impacto inmenso en los niños, para conquistarlos desde temprana edad de una vez y para siempre”.

El sacerdote colombiano precisó también que esta no es la primera avanzada del lobby LGBT al respecto, pues “ya desde hace varios años la empresa Disney ha ido introduciendo personajes que son ambiguos en su sexualidad o que son abiertamente homosexuales, sea como mujeres o como hombres”.

El desafío a los padres de familia

Ante situaciones como estas, Fray Nelson dijo que los sacerdotes pueden reaccionar de dos maneras: “Muchos tomarán una acción cómoda e irresponsable. Esa actitud cómoda suele presentarse como una resignación ante el curso de los acontecimientos. ‘Ahora es así’. Frase que se dice con cierta sonrisa. ‘Ahora ya salieron con esto’”.

Sin embargo, una segunda opción es que los padres reconozcan “que sus hijos son demasiado valiosos para simplemente entregarlos como terreno de experimentación psicosocial y de manipulación de estos intereses transnacionales”.

Esos padres de familia tendrán entonces que tomar acciones que Fray Nelson propone en tres puntos:

1.- Saber que son distintas

“Es evidente que las familias que tienen padres conscientes de lo que está sucediendo no pueden seguir el curso del entretenimiento de las demás familias”, resaltó el sacerdote.

“Si para muchas familias es una especie de obligación ir a Disneylandia, estas familias conscientes del valor de sus hijos sabrán que tienen que ser distintas”, agregó.

Ese es “el primer punto: Saber que son distintas, que no tienen que repetir lo que hacen otras familias, que no tienen que ver las mismas películas ni los mismos programas, ni jugar con los mismos juguetes. Son familias que tendrán que atreverse a ser distintas”.

2.- Tener una comunicación más intensa con los hijos

Estas familias “tendrán que hablar, tener un nivel de comunicación con un nivel más alto y frecuente con sus hijos de lo que es usual hoy”.

“Para muchos padres de familia ha resultado muy cómodo conectar a sus hijos a la pantalla de un televisor o a un servicio de streaming para tenerlos tranquilos y distraídos”, lamentó.

Entonces, “hay que reemplazar horas de streaming por otro tipo de comunicación que incluye otras formas de entretenimiento y también diálogo frecuente”, entre otras cosas “para explicar a los niños por qué ellos no tienen que hacer lo que hacen los demás niños”.

3.- Asociarse con otros padres de familia

“Estos padres de familia responsables buscarán asociarse con otros padres de familia, quizás de modo virtual con foros o grupos o sitios web, para aprender estrategias unos de otros y también para facilitar la formación social de sus hijos porque es evidente que no se les puede, ni se les debe aislar”, dijo Fray Nelson a ACI Prensa.

Entonces “las tres sugerencias son: arriésguense a ser diferentes, tengan comunicación más intensa con sus hijos y asóciense”.

Finalmente, el sacerdote colombiano subrayó que “estos tres puntos tendrán valor si los padres de familia se alimentan del amor mutuo, pero sobre todo del amor de Dios y del amor a Dios, lo cual sucede en primer lugar en la oración”.

viernes, 22 de enero de 2021

El Beso de Jesús

Sabes que en la explosión, lo llevaron al hospital y falleció de madrugada. 

Se había ordenado hace 7 meses y hace poco escribió esta carta; os gustará a las que tenéis familiares con necesidades especiales: 



"EL BESO DE JESÚS"

A los 6 meses de ordenado, mi Obispo me envió a dirigir una Parroquia ; tenía que suplir a un Párroco que llevaba allí más de 30 años, por lo que me encontré con la no aceptación de los habitantes de aquel lugar. La tarea fue ardua pero fecunda y no habría tenido tanta fecundidad sin la ayuda de un pequeño llamado Gabriel... El protagonista de este relato.

A la segunda semana de llegar a aquel lugar se me presentó un matrimonio joven con su pequeño hijo muy especial (síndrome de Down). Me solicitaban que lo aceptara como monaguillo. Pensé en rechazarlo, y no por ser un niño con capacidades diferentes sino por todos las dificultades con las que iniciaba mi ministerio en aquel lugar, pero no pude decir que no, pues al preguntarle si quería ser mi monaguillo no me respondió, sino que se me abrazó a la cintura. Menuda forma de convencerme...

Lo cité para el siguiente domingo 15 minutos antes de la Eucaristía y puntualmente allí estaba con su sotanita roja y su roquete que su abuela le había hecho a mano para la ocasión.

Tengo que agregar que su presencia me trajo más feligreses pues sus familiares querían verlo estrenarse en su papel de monaguillo. Yo tenía que preparar todo lo necesario para la Eucaristía. No tenía sacristán ni campanero así que tuve que correr de un lado para otro, y no fue sino hasta antes de iniciar la Misa cuando me percaté que Gabriel nada sabía de cómo ayudar en la Misa; por la premura del tiempo se me ocurrió decirle:

"Gabriel, tienes que hacer todo lo que yo haga ¿vale…?"

Nunca se lo hubiera dicho, un niño como Gabriel es el niño más obediente del mundo, así que iniciamos la Celebración y al besar el altar, el pequeño se quedó prendido a él; en la homilía vi que los feligreses sonreían al hablarles, lo cual alegró mi joven corazón sacerdotal, pero luego me percaté que no me miraban a mí sino a Gabriel que me seguía tratando de imitar mis movimientos. En fin, uno de los detalles de aquella primera Misa con mi novel monaguillo.

Al terminar le indiqué qué tenía que hacer y qué no y entre otras cosas le dije que el altar solo podía besarlo yo. Le expliqué cómo el sacerdote se une a Cristo en este beso. Me miraba con sus grandes ojos interrogantes sin llegar a entender del todo la explicación que le daba… Y, sin callarse lo que pensaba, me dice: "Anda, yo también quiero besarlo…". Le volví a explicar porqué no... Al final le dije que yo lo haría por los dos. Pareció que había quedado conforme.

Pero al siguiente domingo, al iniciar la Celebración y besar el altar, ví cómo Gabriel ponía su mejilla en él y no se despegaba del altar con una gran sonrisa en su pequeño rostro.

Tuve que decirle que dejara de hacer aquello. Al terminar la Misa le recordé:

"Gabriel, te dije que yo lo besaría por los dos". 

Me respondió: "padre, yo no lo besé. Él me besó a mí…".

Serio le dije: "Gabriel, no juegues conmigo…" Me respondió: "¡¡De verdad, me llenó de besos!!".

La forma en que me lo dijo, me llenó de una santa envidia; al cerrar el templo y despedir a mis feligreses me acerqué al altar y puse mi mejilla en él pidiéndole: "Señor... bésame como a Gabriel".

Aquel Niño me recordó que la obra no era mía y que ganar el corazón de aquel pueblo solo podía ser desde esa dulce intimidad con el Único Sacerdote, Cristo.

Desde entonces mi beso al altar es doble pues siempre después de besarlo pongo mi mejilla para recibir su beso. ¡¡Gracias, Gabriel!

Acercar a los otros al misterio de la Salvación nos llama a vivir nuestro propio encuentro. Al igual que yo, con mi querido monaguillo maestro Gabriel, aprendí que:

¡Antes de besar yo el altar de Cristo... tengo que ser besado por Él!

"Señor Jesús, haznos sentir tus besos todos los días para que nuestros corazones nunca tengan más necesidad de amor, porque Tú lo llenas todo..."

Carta de Ruben, el sacerdote fallecido en la explosión de ayer

sábado, 29 de agosto de 2020

La Comunión en Tiempos de Pandemia

Acerca de la Normativa sobre el Modo de Recibir la Comunión en Tiempos de Pandemia

ESCRITO POR JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ MARTÍN. PUBLICADO EN EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA

IusCanonicum.org - Derecho Canónico - El sacramento de la eucaristía

En algunos casos, las indicaciones emanadas por la autoridad eclesiástica sobre el modo de recibir la Comunión eucarística durante el tiempo de pandemia (en concreto, la Comunión en la mano) generan cierta preocupación o perplejidad entre algunos fieles y ministros. Aunque tal conducta provenga del amor a la Eucaristía, resulta de interés lo siguiente.



En primer lugar, y como marco general, los fieles no deberían olvidar que su modo de obrar dentro de las iglesias podría tener repercusiones sanitarias negativas sobre los demás ciudadanos que viven en el mismo territorio. Por ello es razonable que estén dispuestos a conjugar sus preferencias personales con el bien común, aunque ello les llevase a modificar la forma de conducta que en circunstancias normales considerarían más adecuada, para adecuarse a las indicaciones de las autoridades sanitarias, incluso cuando esas indicaciones puedan estar sujetas a pareceres discordantes, siempre que no se toque lo que es esencial o se incurriese en comportamientos pecaminosos.

Por otra parte, conviene no olvidar que dicha normativa posee un carácter “prudencial” y no dogmático. No se trata, pues, de establecer cuál es el modo de recibir la comunión más concorde con la naturaleza y dignidad del sacramento, sino de afirmar una pauta que parece conveniente para un determinado tiempo y lugar. Por esta razón, si la Conferencia Episcopal (cfr. IGMR, n. 43) determina que por razones higiénicas los fieles deben recibir la comunión en la mano, adoptando ministros y sujetos del sacramento unas determinadas medidas, tales disposiciones deben ser seguidas con el obsequio de la obediencia, aunque pudiera pensarse razonablemente que hay otros modos más eficaces desde un punto de vista higiénico.

Por último, no debe olvidarse que, a lo largo de los siglos y según las distintas tradiciones litúrgicas, el rito de la comunión ha conocido distintas praxis, todas ellas legítimas.

Así, respecto al lugar de recepción del sacramento, en la Iglesia romana de los primeros siglos (culto estacional) el sacerdote se acercaba a los fieles, que no se movían de su sitio en la nave, mientras en el África romana la comunión se recibía en la balaustrada que delimitaba el presbiterio, de una altura que alcanzaba el pecho de un hombre en pie, y en las Galias los fieles se acercaban a las gradas del altar.

En cualquier caso, hasta el siglo XI en la Iglesia romana la regla general consistía en comulgar de pie y, hasta el siglo IX, en la mano aunque se encuentren algunos testimonios aislados de recepción de la comunión en la boca en el ámbito oriental y otros más confusos en Occidente antes de esta fecha y también otros a finales del siglo VII y VIII como preparación a lo que será norma habitual en el siglo noveno. Los fieles extendían sus manos en forma de cruz, en ocasiones cubriéndolas con un paño blanco. A tal efecto, en el atrio de las basílicas se emplazaba una fuente para lavar y purificar las manos. Las primeras noticias de la comunión en la boca proceden de la liturgia hispánica en el siglo IX, si bien refiriéndolas a una época anterior. El cambio se explica por el deseo de evitar los abusos supersticiosos o sacrílegos, por el uso en Occidente del pan ácimo con hostias planas y redondas –paso que, iniciado en esas fechas, se generalizó en el siglo XI- y, por un nuevo modo de expresar el respeto hacia la Eucaristía (cfr. J. A. ABAD, La celebración del misterio cristiano, 313).

A partir del siglo XI, a través de un amplio periodo de cinco siglos, fue introduciéndose en la Iglesia latina la praxis de recibir de rodillas, probablemente como una manifestación de fe en la presencia real de Cristo en el sacramento, que en Occidente había sido desvirtuada durante las controversias eucarísticas. Durante el siglo XIII se introdujo en monasterios y conventos la praxis de extender un paño, sostenido por dos acólitos, ante los comulgantes. En el siglo XVI el paño se extiende ya sobre una especie de reclinatorio o banco: el comulgatorio, sustituto de la balaustrada, desaparecida en su forma original desde el siglo XI. Tal paño, fue progresivamente sustituido por la bandeja de comunión, un uso que al parecer tuvo su origen en España.

En cuanto al modo de recepción, durante los primeros siglos la comunión se recibía, tanto en Oriente como Occidente, bajo las dos especies, de modos diversos con el fin de que no se derramase el vino consagrado. En Occidente, mientras se mantuvo esta práctica (hasta los siglos XIII-XIV), se recurrió a la intinctio(empapar los trozos del pan consagrado en el vino del cáliz), la fístula (tubo para sorber del cáliz) o la consecratio (beber de un recipiente con vino en el que se introducían algunas gotas del sanguis.

En Oriente, la comunión se ha conservado bajo las dos especies hasta nuestros días por variados procedimientos: mediante a) “pinzas” (λαβίς), tenacillas con las cuales el pan se moja en el vino, para acompañado de una patena, cubierta de un paño precioso y sostenida por el diácono bajo el mentón, introducirlo en la boca del fiel; b) “cuchara” (κοχλίας): el pan consagrado se baña en la sangre de Cristo mediante una cucharita de plata que deja caer en la boca la eucaristía sin contactar con ella; o c) bebiendo directamente del cáliz.

Una evolución de las pinzas eucarísticas la encontramos en aquellas utilizadas en Occidente durante los tiempos de peste del medievo y primera edad moderna: se trata de unas pinzas de más o menos un metro de longitud que permitían dar la comunión al enfermo infeccioso a una distancia prudencial.

Es interesante la opinión del Card. Ratzinger sobre este asunto: “La segunda objeción que queremos tratar se plantea alrededor de la comunión: de pie o de rodillas, en la mano o en la boca. Ante todo quiero decir que ambas actitudes son posibles y ello exige a todos los sacerdotes ser tolerantes y aceptar la forma que cada uno elija; más aún, desearía pedir a todos ellos que practicaran un espíritu conciliador que no abrigue ninguna sospecha hacia quien ha decidido una forma determinada de entre ellas. Pero preguntarán: ¿es que la tolerancia es una buena respuesta en esta cuestión?, ¿o es una falta de consideración al Santísimo? Sin embargo sabemos que hasta el siglo IX la comunión se tomaba de pie y en la mano. Por supuesto, esto no significa que siempre tenga que hacerse así, pues grande y hermoso en la Iglesia es que crece y madura, comprendiendo cada vez con mayor profundidad el misterio. El nuevo desarrollo, que comenzó después del siglo noveno como expresión de respeto, tiene su razón de ser y sus buenos motivos. Pero también hemos de decir, a la inversa, que es imposible que la Iglesia hubiera celebrado indignamente la Eucaristía a lo largo de 900 años” (La Eucaristía, centro de la vida, Edicep, Valencia 2003, p. 76).

En todo caso, lo anterior no quita que en circunstancias normales la Iglesia reconozca, como norma general, el derecho que todos los fieles tienen a recibir la comunión en la boca (cfr. Missale Romanum, IGMR, n. 161)1. Además, en algunos países, por ejemplo en España, la autoridad no ha fijado que la comunión se distribuya exclusivamente en la mano en este tiempo de pandemia. En esos lugares un modo de proceder posible, que respeta las medidas de prevención y el derecho de los fieles, sería que quienes deseen recibir la comunión en la boca lo hagan después de aquellos que la recibieron en la mano.

José Luis Gutiérrez Martín es el Director del Instituto de Liturgia de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, Roma.

La redacción de Iuscanonicum.org agradece al profesor Gutiérrez Marín su permiso para publicar este artículo.

1 “Esta Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos desea acusar recibo de su carta fechada 22 de Junio de 2009 concerniente al derecho de los fieles de recibir la Sagrada Comunión en la lengua. Este Dicasterio observa que su instrucción Redemptionis Sacramentum (25 de Marzo de 2004) claramente estipula que “todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca” (n. 92), ni es lícito negar la Sagrada Comunión a cualquier fiel Cristiano que no esté impedido por la ley de recibir la Santa Eucaristía (cf. n. 91)” CCDDS Carta, Prot. N. 655/09/L Jul-24-2009 Respuesta a consulta de un fiel de Gran Bretaña ante las medidas tomadas ante una fuerte epidemia de gripe en 2009).

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Motivos para la beatificación de Isabel la Católica

¿Pero realmente hay motivos para beatificar a Isabel la Católica? No uno, sino diez
El proceso de beatificación de Isabel la Católica sigue estancado. Coincidiendo con el aniversario de su nacimiento, Enraizados ha lanzado una campaña de apoyos a esta causa. Su presidente expone 10 motivos por los que merece llegar a los altares.
José Castro Velarde

Por sus frutos los conoceréis (Mt. 7,16) Isabel la Católica nació tal día como hoy, un 22 abril, del año  1451, en Madrigal de las Altas Torres. Aprovechando tal fecha, la asociación Enraizados ha lanzado una campaña de adhesiones al proceso de beatificación iniciado en la Diócesis de Valladolid. En las primeras horas, las adhesiones de todas las partes del mundo superan las 1.500.

El asunto ha despertado polémica, pues algunos no ven con buenos ojos que la reina que expulsó a los judíos de España, en 1492, pueda terminar en los altares. Pero, entre las consideraciones que la Iglesia puede valorar, destaca el fruto mayor de Isabel:  la evangelización de todo un continente, una empresa que nadie más ha protagonizado en la Historia. Y fue una mujer, y además nacida en la Edad Media.Aunque fue la empresa que ella protagonizó la elegida para marcar por mucho el paso a la Edad Moderna: el Descubrimiento de América en 1492.

Muchos son los motivos que justifican su beatificación. Los sintetizamos en diez.

1.- Vida de fe y sacramental
Isabel la Católica llevó una vida de fe y asiduidad a los sacramentos. Acudía frecuentemente a la confesión y a la Eucaristía. Colaboró estrechamente con una de sus damas, Teresa Enríquez, muy devota de la Eucaristía, en la creación de asociaciones eucarísticas para acompañar al Santísimo Sacramento.
El comienzo de su testamento es una clara muestra de su fe. En él se encomienda a Dios Padre, a Cristo, a la Virgen y a algunos santos en particular: «Si es cierto que hemos de morir, es incierto cuándo y dónde moriremos, por ello debemos vivir y estar preparados como si en cualquier momento hubiésemos de morir«.
Isabel destinó numerosas partidas al culto divino: ornamentos, imágenes, lienzos para altares, cálices, custodias… Por ejemplo en los años 1500 y 1501, que Isabel residió en Granada, colaborando con el arzobispo Talavera, procuraron soluciones a las necesidades de los lugares destinados al culto en aquella diócesis recién creada.
En este ambiente granadino no se detuvo la espiritualidad de la Reina en lo externo y material, sino que, penetrada por lo profundo del misterio de la Eucaristía, dirige una real cédula, el 17 de agosto de 1501, a todos los obispos de sus Reinos sobre el cuidado del Sacramento.

2.- Compromiso con Dios y con el prójimo
Es la primera que reconoce, como afirma el historiador Luis Suárez, que los habitantes de América son hombres como los demás, que han sido redimidos por Cristo y tienen que ver reconocidos sus derechos humanos. Esta actitud marcó un importantísimo precedente en los debates que más adelante se desarrollarían, con consecuencias teológicas y políticas.
Sin esta postura de Isabel la Católica no se habría llegado a la Constitución de los Estados Unidos, que repite prácticamente lo que ella dijo, que Dios nos ha hecho a todos libres, iguales y en búsqueda de la felicidad, y ése es su testamento.


3.- Magnanimidad
El comienzo del reinado de Isabel es el resultado de una guerra civil desencadenada por los nobles castellanos para suceder a Enrique IV. Tras ser coronada, la monarca reinará sin tomar represalias, pactando con quienes se sublevaron en su contra y garantizándoles que no sufrirían prejuicios, sino que seguirían desempeñando las funciones sociales y el nivel que hasta entonces ocupaban.
Puesto que en la historia universal pocos son los conflictos que se cierran sin el aplastamiento de los enemigos, este episodio dice mucho acerca del carácter extraordinario de Isabel.

4.- Austeridad
Isabel no hizo uso de su condición de reina para evitarse los sufrimientos o llevar una vida más cómoda: «Su modestia personal y mansedumbre admirables», afirmaba Pedro Mártir de Anglería.
«Ni en los dolores que padecía de sus enfermedades, ni en los del parto, que es cosa de grande admiración, nunca la vieron quejarse, antes con increíble y maravillosa fortaleza los sufría y disimulaba», atestiguaba Lucio Marineo Sículo.

5.- Humildad
En el trato con quienes la rodean, la Reina Católica da claras muestras de humildad al dejarse aconsejar. Lejos de la imagen de los reyes autoritarios, Isabel permite que Fernando de Talavera, su confesor y asesor, le aconseje antes de tomar sus decisiones.
La historia cuenta que la primera vez que el cardenal Cisneros le administra el sacramento de la penitencia le dice «de rodillas». A pesar de que una vieja costumbre permitía a los reyes confesarse sentados, Isabel se arrodilla para recibir el perdón.
«La Península Ibérica ha gozado de los frutos del cristianismo gracias a esa epopeya de la Reconquista»

6.- Vocación hacia la evangelización
Una de las principales pruebas de esta vocación se encuentra de nuevo en América. Isabel de Castilla ve en el continente americano un reto para la extensión de la Buena Noticia a quienes hasta entonces no habían tenido oportunidad de conocerla. Gracias a ella, millones de personas en América han visto abiertas las puertas de la fe a lo largo de los siglos.
Igualmente, la conquista de territorios bajo dominio musulmán comportó una suave política de conversión que tenía como objetivo la unificación del reino bajo la religión católica. Es de destacar que a diferencia del Norte de África donde la fe nunca se ha podido recuperar, la Península Ibérica ha gozado de los frutos del cristianismo gracias a esa epopeya de la Reconquista que culminaron los Reyes Católicos.

7.- Lucha por los derechos humanos
La España de los Reyes Católicos no consideró los territorios del otro lado del Atlántico como colonias. Sus habitantes eran ciudadanos y, según el decreto de 1500, ningún indio podía ser hecho esclavo. Determinó que los indios seguirían siendo los propietarios de las tierras que les pertenecían con anterioridad a la llegada de los españoles.
«Y no consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien», señaló la Reina en su testamento. 
«Isabel establece que no hay diferencia en cuanto a la capacidad de gobierno entre hombre y mujer, y así educa a sus hijas»

8.- Responsabilidad moral como gobernante
En su guía para gobernar, Isabel tenía claro que todos los poderes del Estado y toda la legislación tienen que someterse al orden moral. Siguiendo la tradición del derecho medieval, la moral se encuentra por encima de cualquier otra consideración.
Isabel era consciente de su responsabilidad como reina. Según cuenta el historiador Luis Suárez, en una carta dirigida a su marido, que había sufrido un atentado y se encontraba grave, le dice: «Acuérdate de que tenemos que rendir cuentas ante Dios, y las cuentas que nos va a pedir a nosotros, los reyes, son mucho más estrechas que las que pide a ninguno de nuestros súbditos».

9.- Mujer y madre
Isabel fue mujer y madre. Vuelve a ratificar Luis Suárez que «aplicó el sentido de la feminidad, la intuición, el afecto, la capacidad comprensiva, a todas sus empresas». Y lo que establece de una manera clara Isabel es el derecho de la mujer a reinar. Isabel establece que no hay diferencia en cuanto a la capacidad de gobierno entre hombre y mujer, y así educa a sus hijas, y así procede ella misma también.


10.- La caridad
Si bien esta virtud la hemos visto ya en la gran empresa que culmina en la Evangelización de América puede destacarse especialmente en cómo acoge a los hijos ilegítimos de la mujer de Enrique IV, Pedro y Andrés. Los educa y los cuida.
Cuida también de los ilegítimos de su marido, cuida de los hijos del cardenal Mendoza, y siente hacia todos ellos una obligación de afecto que va más allá del simple ejercicio de la caridad.
Una vez que fray Hernando de Talavera le criticó por esta conducta diciendo «da la impresión de que usted está legitimando el fruto del pecado», ella respondió que lo importante era evitar que esas almas se perdieran, y llamando a uno de los ninos, hijo del cardenal Mendoza, le gastó una broma a fray Hernando y le dijo: «¿Verdad que son muy bellos los pecados de mi cardenal?».

* José Castro es presidente de la asociación Enraizados.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Reflexión sobre la Democracia contemporánea

Reflexión sobre la democracia contemporánea. Juan Pablo II.
Cfr. Juan Pablo II, Memoria e identidad, nº 22, Ed. La Esfera de los libros, Madrid 2005, pp. 135-167

22. La Revolución francesa difundió en el mundo el lema «libertad, igualdad, fraternidad» como programa de la democracia moderna. ¿Cómo valora, Santo Padre, el sistema democrático en su versión occidental?

En todo caso, la ética social católica apoya en principio la solución democrática, porque responde mejor a la naturaleza racional y social del hombre, como ya he dicho. Pero está lejos -conviene precisarlo- de «canonizar» este sistema. En efecto, sigue siendo verdad que las tres soluciones teorizadas -monarquía, aristocracia y democracia- pueden servir, en determinadas condiciones, para realizar el objetivo esencial del poder, es decir, el bien común. En todo caso, el presupuesto indispensable de cualquier solución es el respeto de las normas éticas fundamentales. Ya para Aristóteles, la política no es otra cosa sino ética social. Lo cual significa que si un cierto sistema de gobierno no se corrompe es porque en él se practican las virtudes cívicas. La tradición griega supo también calificar diferentes formas de corrupción en los diversos sistemas. Y así, la monarquía puede degenerar en tiranía y, para las formas patológicas de la democracia, Polibio acuñó el nombre de «oclocracia», o sea, el gobierno de la plebe.

Tras el ocaso de las ideologías del siglo xx, y especialmente la caída del comunismo, muchas naciones han puesto sus esperanzas en la democracia. Pero precisamente a este respecto cabe preguntarse: ¿cómo debería ser una democracia? Frecuentemente se oye decir que con la democracia se realiza el verdadero Estado de derecho. Porque en este sistema la vida social se regula por las leyes que establecen los parlamentos, que ejercen el poder legislativo. En ellos se elaboran las normas que regulan el comportamiento de los ciudadanos en las diversas esferas de la vida social. Naturalmente, cada sector de la vida social requiere una legislación específica para desarrollarse ordenadamente. Con el procedimiento descrito, un Estado de Derecho pone en práctica el postulado de toda democracia: formar una sociedad de ciudadanos libres que trabajan conjuntamente para el bien común.

Dicho esto, puede ser útil referirse una vez más a la historia de Israel. He hablado ya de Abraham como el hombre que tuvo fe en la promesa de Dios, aceptó su palabra y se convirtió así en padre de muchas naciones. Desde este punto de vista, es significativo que se remitan a Abraham tanto los hijos e hijas de Israel como los cristianos. También lo hacen los musulmanes. Sin embargo, hay que precisar de inmediato que el fundamento del Estado de Israel como sociedad organizada no es Abraham, sino Moisés. Fue Moisés quien condujo a sus compatriotas fuera de la tierra egipcia y, durante la travesía del desierto, se convirtió en el verdadero artífice de un Estado de derecho en el sentido bíblico de la palabra. Es una cuestión que merece destacarse: Israel, como pueblo escogido de Dios, era una sociedad teocrática, en la cual Moisés no solamente era un líder carismático, sino también el profeta. Su cometido era poner, en nombre de Dios, las bases jurídicas y religiosas del pueblo. En esta actividad de Moisés, el momento clave fue lo acontecido al pie del monte de Sinaí. Allí se estipuló el pacto de alianza entre Dios y el pueblo de Israel, basada en la ley que Moisés recibió de Dios en la montaña. Esencialmente, esta leyera el Decálogo: diez palabras, diez principios de conducta, sin los cuales ninguna comunidad humana, ninguna nación ni tampoco la sociedad internacional puede lograr su plena realización. Los mandamientos esculpidos en las dos tablas que recibió Moisés en el Sinaí están grabados al mismo tiempo en el corazón del hombre. Lo enseña Pablo en la Carta a los Romanos: «Muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia con sus juicios contrapuestos que les acusan» (Rm 2, 15). La ley divina del Decálogo tiene valor vinculante como ley natural también para los que no aceptan la Revelación: no matar, no fornicar, no robar, no dar falso testimonio, honra a tu padre ya tu madre... Cada una de estas palabras del código del Sinaí defiende un bien fundamental de la vida y de la convivencia humana. Si se cuestiona esta ley, la concordia humana se hace imposible Y la existencia moral misma se pone en entredicho. Moisés, que baja de la montaña con las tablas de los Mandamientos, no es su autor. Es más bien el servidor y el portavoz de la Ley que Dios le dio en el Sinaí. Sobre esta base formularía después un código de conducta muy detallado, que dejaría a los hijos e hijas de Israel en el Pentateuco.

Cristo confirmó los mandamientos del Decálogo como núcleo normativo de la moral cristiana, destacando que todos ellos se sintetizan en el más grande mandamiento, el del amor a Dios y al prójimo. Por lo demás, es notorio que Él, en el Evangelio, da una acepción universal al término «prójimo». El cristiano está obligado a un amor que abarca a todos los hombres, incluidos los enemigos. Cuando estaba escribiendo el estudio Amor y responsabilidad, el más grande de los mandamientos me pareció una norma personalista. Precisamente porque el hombre es un ser personal, no se pueden cumplir las obligaciones para con él si no es amándolo. Del mismo modo que el amor es el mandamiento más grande en relación con un Dios Persona, también el amor es el deber fundamental respecto a la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios.

Este mismo código moral que proviene de Dios, sancionado en la Antigua y en la Nueva Alianza, es también fundamento inamovible de toda legislación humana, en cualquier sistema y, en particular, en el sistema democrático. La ley establecida por el hombre, por los parlamentos o por cualquier otra entidad legislativa, no puede contradecir la ley natural, es decir, en definitiva, la ley eterna de Dios. Santo Tomás formuló la conocida definición de ley: Lex est quaedam rationis ordinatio ad bonum commune) ab eo qui curam communitatis habet promulgata, la leyes una ordenación de la razón al bien común, promulgada por quien tiene a su cargo la comunidad [Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, I-II, q. 90, art. 4]. En cuanto «ordenamiento de la razón», la ley se funda en la verdad del ser: la verdad de Dios, la verdad del hombre, la verdad de la realidad creada en su conjunto. Dicha verdad es la base de la ley natural. El legislador le añade el acto de la promulgación. Es lo que sucedió en el Sinaí con la Ley de Dios, y lo que sucede en los parlamentos en sus actividades legislativas.

Llegados a este punto, surge una cuestión de capital importancia para la historia europea del siglo xx. En los años treinta, un parlamento legalmente elegido permitió el acceso de Hitler al poder en Alemania, y el mismo Reichstag, al darle plenos poderes (Ermächtigungsgesetz), le abrió el paso al proyecto de invadir Europa, a la organización de los campos de concentración y a la puesta en marcha de la llamada «solución final» de la cuestión judía, como llamaban al exterminio de millones de hijos e hijas de Israel.

Basta recordar estos hechos de tiempos recientes para darse cuenta con claridad de cómo la ley establecida por el hombre tiene sus propios límites que no puede violar. Son los límites marcados por la ley natural, mediante la cual Dios mismo protege los bienes fundamentales del hombre. Los crímenes nazis tuvieron su Nuremberg, donde los responsables fueron juzgados y castigados por la justicia humana. No obstante, hay muchos otros casos en que no ha sido así, aunque queda siempre el supremo tribunal del Legislador divino. El modo en que la Justicia y la Misericordia están en Dios a la hora de juzgar a los hombres y la historia de la humanidad permanece envuelto en un profundo misterio.

Ésta es la perspectiva, como ya he dicho, desde la cual se pueden cuestionar, al comienzo de un nuevo siglo y milenio, algunas decisiones legislativas tomadas en los parlamentos de los actuales regímenes democráticos. Lo primero que salta a la vista son las leyes abortistas. Cuando un parlamento legaliza la interrupción del embarazo, aceptando la supresión de un niño en el seno de la madre, comete una grave injuria para con un ser humano inocente y, además, sin capacidad alguna de autodefensa. Los parlamentos que aprueban y promulgan semejantes leyes han de ser conscientes de que se extralimitan en sus competencias y se ponen en patente contradicción con la ley de Dios y con la ley natural.
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