miércoles, 3 de octubre de 2018

El Día que las turbas sandinistas profanaron a san Juan Pablo II

El Día que las Turbas Sandinistas Profanaron a San Juan Pablo II
Fuente: http://www.proceso.hn
Autor del artículo: Por Alberto García Marrder. Miami, (EEUU)
El acto más vergonzoso y repudiable de los sandinistas ocurrió en Managua, el 4 de marzo de 1983, cuando sus turbas acallaron y profanaron la voz del Papa Juan Pablo en el sublime momento de la consagración, en una misa al aire libre.
En  León ya lo habían saboteado los de la  juventud sandinista; no lo dejaron hablar gritando consignas sandinistas;  no lo respetaron porque ese era el plan del gobierno: ridiculizar al Papa. Un ex miembro de la Juventud Sandinista lo reconoció públicamente: recibimos ordenes del FSLN de boicotear a la Iglesia Católica y burlarnos del papa en esa Plaza.
Este fue un ejemplo del ateísmo que promovía el gobierno de ese entonces.
Y en Managua, cuando celebró la misa el Papa al aire libre, una gigantesca pancarta con el rostro de Sandino y otros líderes de la revolución, estaba detrás de Juan Pablo II. El gobierno sandinista se negó rotundamente a quitarla, pese a las reiteradas peticiones del Nuncio Apostólico, el arzobispo Andrea Cordero di Montezemolo.


Extracto de la Homilía del Papa:
4. En efecto, la unidad de la Iglesia es puesta en cuestión cuando a los poderosos factores que la constituyen y mantienen, la misma fe, la Palabra revelada, los sacramentos, la obediencia a los obispos y al Papa, el sentido de una vocación y responsabilidad común en la tarea de Cristo en el mundo, se anteponen consideraciones terrenas, compromisos ideológicos inaceptables, opciones temporales, incluso concepciones de la Iglesia que suplantan la verdadera.
Sí, mis queridos hermanos centroamericanos y nicaragüenses: cuando el cristiano, sea cual fuere su condición, prefiere cualquier otra doctrina o ideología a la enseñanza de los Apóstoles y de la Iglesia; cuando se hace de esas doctrinas el criterio de nuestra vocación; cuando se intenta reinterpretar según sus categorías la catequesis, la enseñanza religiosa, la predicación; cuando se instalan “magisterios paralelos”, como dije en mi alocución inaugural de la Conferencia de Puebla (Discurso durante la inauguración de la III Conferencia general del Episcopado latinoamericano, Puebla, 28 de enero de 1979: Insegnamenti di Giovanni Paolo II, II [1979] 188 ss.), entonces se debilita la unidad de la Iglesia, se le hace más difícil el ejercicio de su misión de ser “sacramento de unidad” para todos los hombres.
La unidad de la Iglesia significa y exige de nosotros la superación radical de todas estas tendencias de disociación; significa y exige la revisión de nuestra escala de valores. Significa y exige que sometamos nuestras concepciones doctrinales y nuestros proyectos pastorales al magisterio de la Iglesia, representado por el Papa y los obispos. Esto se aplica también en el campo de la enseñanza social de la Iglesia, elaborada por mis predecesores y por mi mismo.
Ningún cristiano, y menos aún cualquier persona con título de especial consagración en la Iglesia, puede hacerse responsable de romper esa unidad, actuando al margen o contra la voluntad de los obispos “a quienes el Espíritu Santo ha puesto para guiar la Iglesia de Dios” (At 20, 28). 
Ello es válido en toda situación y país, sin que cualquier proceso de desarrollo o elevación social que se emprendan pueda legítimamente comprometer la identidad y libertad religiosa de un pueblo, la dimensión trascendente de la persona humana y el carácter sagrado de la misión de la Iglesia y de sus ministros.

5. La unidad de la Iglesia es obra y don de Jesucristo. Se construye por referencia a El y en torno a El. Pero Cristo ha confiado a los obispos un importantísimo ministerio de unidad en sus Iglesias locales (cf. Lumen Gentium, 26).  A ellos, en comunión con el Papa y nunca sin él (cf. Ivi 22),  toca promover la unidad de la Iglesia, y de tal modo, construir en esa unidad las comunidades, los grupos, las diversas tendencias y las categorías de personas que existen en una Iglesia local y en la gran comunidad de la Iglesia universal. Yo os sostengo en ese esfuerzo unitario, que se reforzará con vuestra próxima visita ad Limina.
Una prueba de la unidad de la Iglesia en un determinado lugar es el respeto a las orientaciones pastorales dadas por los obispos a su clero y fieles. Esa acción pastoral orgánica es una poderosa garantía de la unidad eclesial. Un deber que grava especialmente sobre los sacerdotes, religiosos y demás agentes de la pastoral.
Pero el deber de construir y mantener la unidad es también una responsabilidad de todos los miembros de la Iglesia, vinculados por un único bautismo, en la misma profesión de fe, en la obediencia al propio obispo y fieles al Sucesor de Pedro.
Queridos hermanos: tened bien presente que hay casos en los cuales la unidad sólo se salva cuando cada uno es capaz de renunciar a ideas, planes y compromisos propios, incluso buenos ―¡cuánto más cuando carecen de la necesaria referencia eclesial! ―por el bien superior de la comunión con el obispo, con el Papa, con toda la Iglesia.
Una Iglesia dividida, en efecto, como ya decía en mi carta a vuestros obispos, no podrá cumplir su misión “de sacramento, es decir, señal e instrumento de unidad en el país”. Por ello alertaba allí sobre “lo absurdo y peligroso que es imaginarse como al lado ―por no decir contra ―de la Iglesia construida en torno al obispo, otra Iglesia concebida sólo como “carismática” y no institucional, “nueva” y no tradicional, alternativa y, como se preconiza últimamente, una “Iglesia popular”. Quiero hoy reafirmar estas palabras, aquí delante de vosotros.
La Iglesia debe mantenerse unida para poder contrarrestar las diversas formas, directas o indirectas, de materialismo que su misión encuentra en el mundo.
Ha de estar unida para anunciar el verdadero mensaje del Evangelio ―según las normas de la Tradición y del Magisterio ―y que esté libre de deformaciones debidas a cualquier ideología humana o programa político.
El Evangelio así entendido conduce al espíritu de verdad y de libertad de los hijos de Dios, para que no se dejen ofuscar por propagandas antieducadoras o coyunturales, a la vez que educa al hombre para la vida eterna.

Cuando el Papa, en su sermón, explicó la imposibilidad de una “iglesia popular impuesta a los legítimos pastores de la Iglesia Católica”, las turbas empezaron a gritar para acallar la voz del Papa.
A un periodista nicaragüense que estaba a mi lado, le pregunté cómo era posible que se escuchara tan bien las protestas de esas turbas y, en cierto momento se acallaba la voz del Papa.
Un simple gesto de él me indicó que viera hacia la izquierda, en una caseta semi escondida, donde estaba instalada una mesa de control alternativa de sonido de la plaza y donde, aparentemente, se manipulaban las señales de audio.

Días antes, portavoces de la Iglesia Católica de Nicaragua se habían extrañado de que el gobierno sandinista estuviera montando un segundo sistema de sonido, además del principal destinado a ampliar la voz del Papa antes y durante la misa.
Pero el momento álgido de la profanación llegó cuando el Papa Juan Pablo II levantó el cáliz en el momento de la consagración.
Decenas de madres nicaragüenses, que habían ocupado desde muy temprano los puestos de primera fila, empezaron a gritar, de una forma incesante “Queremos la paz, queremos la paz”, que se escuchaba nítidamente gracias a las manipulaciones de la mesa de control de sonido.
Estas eran las madres de 19 jóvenes sandinistas muertos en enfrentamientos contra los miembros de la "Resistencia nicaragüense", los cuales habían tomado las armas, con ayuda clandestina de Estados Unidos, para derrocar al régimen sandinista.
De nada valieron los gritos de “Silencio”, que inútilmente hacia el Papa, sorprendido por este desafío a su autoridad moral.


Gritan "Queremos la paz" signo de la mentira y cínica utilización del lenguaje populista que solo engaña a los esclavos de la idolatría ideológica de los falsos profetas de este mundo.

En su segunda visita a Nicaragua, el 7 de febrero de 1996, ese mismo Papa dijo que el país "goza ahora de una auténtica libertad religiosa", tras recordar "aquella noche oscura" de su primera visita en marzo de 1983.
En ese entonces, la presidenta era Violeta Barrios de Chamorro y los sandinistas estaban en la oposición.
Recordó: «En 1983 celebramos en Nicaragua el Santo Sacrificio de la Misa en una noche oscura. Hoy brilla un sol resplandeciente en Nicaragua. Han cambiado muchas cosas en Nicaragua. Los habitantes de Nicaragua pueden gozar ahora de una auténtica libertad religiosa
Añadió: «Recuerdo la celebración de hace trece años. Se hacía ruido. Una grande noche oscura. Hoy se ha hecho la misma celebración eucarística del sol. Se ve que la Providencia Divina está actuando.»


viernes, 14 de septiembre de 2018

En la Cruz está la vida y el Consuelo

El 14 de septiembre se celebra la fiesta de la exaltación de la cruz. Como preparación, les propongo este poema de santa Teresa de Jesús, escrito para celebrar dicha festividad.



Así presentan el poema nuestros hermanos de Cipecar (centro de iniciativas de pastoral de la espiritualidad, con sede en Burgos):
Jesús va delante de nosotros, abrazando las cruces de nuestra humanidad, los dolores de todos los que sufren. ¡Cuánta ternura y compasión! La cruz, con Jesús, se convierte en fuente de vida. En la cruz muestra el amor hasta el extremo. Teresa de Jesús, canta los frutos de la redención. Teresa de Jesús nos invita, estemos como estemos, a poner los ojos en el Crucificado. Canta con un lenguaje desconocido para nosotros: La Cruz todos los males destierra de esta tierra. Es camino para el cielo. Es oliva preciosa, que con su aceite nos unge y nos da luz.

En la cruz está la vida y el consuelo, 
y ella sola es el camino para el cielo. 

En la cruz está "el Señor de cielo y tierra",
y el gozar de mucha paz, aunque haya guerra.
Todos los males destierra
en este suelo,
y ella sola es el camino para el cielo. 

De la cruz dice la Esposa
a su Querido
que es una "palma preciosa"
donde ha subido,
y su fruto le ha sabido
a Dios del cielo,
y ella sola es el camino para el cielo.

Es una "oliva preciosa" la santa cruz
que con su aceite nos unta y nos da luz.
Alma mía, toma la cruz
con gran consuelo,
que ella sola es el camino para el cielo. 

Es la cruz el "árbol verde y deseado"
de la Esposa, que a su sombra se ha sentado
para gozar de su Amado,
el Rey del cielo,
y ella sola es el camino para el cielo. 

El alma que a Dios está toda rendida,
y muy de veras del mundo desasida,
la cruz le es "árbol de vida"
y de consuelo,
y un camino deleitoso para el cielo.

Después que se puso en cruz el Salvador,
en la cruz está "la gloria y el honor",
y en el padecer dolor
vida y consuelo,
y el camino más seguro para el cielo.



martes, 26 de junio de 2018

Alaska (1996)


Tras el fallecimiento de su esposa, Jake Barnes (Dirk Benedict) y sus dos hijos, Sean (Vincent Kartheiser) y Jessie (Thora Birch) se mudan a Quincy, una pequeña población de Alaska. El es un antiguo piloto de líneas aéreas, que ahora se dedica al transporte de papel a través de las montañas. Un día una tormenta lo obliga a realizar un aterrizaje de emergencia. Las autoridades inician su búsqueda. Sin embargo sus hijos no confían en ellos y se aventuran en la nieve para buscarlo.

lunes, 4 de junio de 2018

Un Niño llamado Jesús (1987)

UN NIÑO LLAMADO JESÚS

Esta película narra la conmovedora historia de la infancia de Jesús en una acertada mezcla de realidad y fantasía ya que no existen datos históricos de esta etapa de la Vida de Jesús.

El video inicia con el pasaje evangélico de San Mateo (2,13-15), cuando el Ángel del Señor le dice en sueños a José: "Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto..."

Paso a paso, va narrando las aventuras que tuvieron que afrontar él y su familia, para lograr que se cumplieran las profecías.

Además la película intercala algunos pasajes del Evangelio y presenta de manera sencilla, algo del ambiente social, político, cultural y religioso del pueblo judío en tiempos de Jesús, así como algunas escenas de los lugares donde ocurrieron los hechos. También nos hace ver de manera sencilla cómo este niño llamado Jesús pudo cambiar la vida de las personas que lo rodeaban despertando en ellos buenos sentimientos y llenándolos de esperanza en la vida.

A lo largo de toda esta historia se nos invita a reflexionar sobre la solidaridad, el amor en la familia y sobre todo la unión de los pueblos


miércoles, 4 de octubre de 2017

Los Motivos del Lobo Rubén Dario

Según las Florecillas de San Francisco, el lobo de Gubbio era un cánido feroz que asolaba la ciudad italiana de Gubbio, situada en Umbría, en la actual provincia de Perugia. De acuerdo con la narración, este lobo europeo era un depredador que había devorado tanto animales como personas. Presentaba tal ferocidad que nadie se aventuraba siquiera a salir de la ciudad. Francisco de Asís, movido por su compasión a los habitantes del lugar, actuó motu proprio sin que solicitaran su intervención: buscó al lobo y lo conminó en nombre de Cristo a no hacer más daño a nadie. Apenas el «santo de Asís» trazó la señal de la cruz, el lobo cerró la boca, dejó de correr, se acercó mansamente, y se echó a sus pies. Conducido por Francisco hasta la ciudad, el lobo vivió en ella durante dos años hasta su muerte por vejez. En alusión a este episodio, el lobo aparece en ocasiones como un emblema de Francisco de Asís,​ y el conjunto del santo y el lobo se observa en variadas representaciones iconográficas. La riqueza simbólica del relato se refleja en la multiplicidad de análisis y reelaboraciones de que fue objeto.



En la literatura, el relato inspiró la poesía de Rubén Darío titulada Los motivos del lobo. Este poema pertenece a la etapa de madurez literaria de Rubén Darío y fue publicado en Mundial Magazine en 1913, tres años antes de la muerte del autor.​ Por su carácter dramático y su estructura en siete partes, este poema es considerado una de las composiciones que demandan del intérprete un elevado nivel técnico y capacidad histriónica.
En la poesía, Rubén Darío se refiere al animal como el lobo de Gubbia. Se desconoce la razón precisa de la diferencia en el nombre de la localidad.​ Asimismo, la narración poética se aparta del contenido original de las Florecillas de San Francisco puesto que, en la poesía, el lobo retorna más tarde a su estado salvaje inicial como respuesta a las actitudes de los hombres.



La única variante notable entre el capítulo de las Florecillas y la versión dariana, reside en el desenlace. Según aquéllas, el hermano lobo murió de viejo, de lo cual se dolían mucho los ciudadanos, porque viéndolo andar tan manso por la ciudad se acordaban más de la virtud y santidad de San Francisco. En cambio, el genio de Rubén [Darío] se rebela contra lo objetivo de la piadosa y poética narración, para imprimir carácter absolutamente lírico a los acordes finales de su poema, haciendo que el lobo regrese a la montaña a causa de la maldad de los hombres.


Cánticos y oraciones atribuidos a San Francisco de Asis

Cántico de las criaturas


El Cántico de las criaturas (en italiano: Cantico delle creature; en latín: Laudes Creaturarum), también conocido como Cántico del hermano sol,1​ es un cántico religioso cristiano compuesto por San Francisco de Asís en dialecto umbro a finales del año 1224 o principios del 1225, poco antes de su muerte. Francisco se encontraba enfermo y casi ciego, fuertemente decepcionado por la marcha de la orden que había fundado, solo y atormentado.1​ En un noche de tormento salió de su choza y elaboró el cántico como expresión de alabanza a todas las criaturas terrenales así como a las fuerzas de la naturaleza. El texto contiene además algunos elementos de la lengua latina, toscana e italiana. Es considerado como una de las primeras obras escritas en lengua italiana. De acuerdo con la tradición, este cántico fue entonado por primera vez por el propio san Francisco de Asís y por los hermanos León y Ángel, dos de sus compañeros más cercanos.
Contrariamente a otros cánticos religiosos de esa época, el Cántico de las criaturas no se enfoca únicamente a Dios, a la Virgen o a otros santos, sino que le agradece al Creador por otras criaturas como el “Hermano Fuego”, la “Hermana Agua”, la “Hermana Tierra” y todas las criaturas del mundo. Mostraba así su creencia de que todo lo creado era obra divina y que todos los seres debían tratarse como “hermanos” y “hermanas”. Además, San Francisco advierte del grave riesgo de irse de este mundo en pecado mortal.
Este cántico inspiró al papa Francisco para redactar su encíclica Laudato si' sobre el cuidado de la casa común, también conocida como la «encíclica ecológica».2​
Isadora Hermano sol hermana luna

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